miércoles, 27 de abril de 2016

Se hizo pequeño


Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje.Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.”  (Evangelio según San Mateo 2, 10-11)


384 mil kilómetros es la distancia de la Tierra a la Luna;  150 millones de kilómetros es la distancia dela Tierra al Sol, 9000 millones de kilómetros es el diámetro del Sistema Solar.

Un año luz es una medida de distancia, toma en cuenta la longitud que recorre la luz durante un año; al ser su velocidad de unos 300.000 km por segundo, el año luz equivale a 9 460 730 472 580,8 km(algo así como nueve quichillones y medio). Si multiplicamos ese número por 27.000 obtendríamos la distancia que separa al Sistema Solar del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

Así como la Luna gira alrededor de la Tierra, la Tierra gira alrededor del Sol (a unos 180.000 km por hora), y el Sol con todo el Sistema Solar a cuestas gira en torno al centro de la galaxia a unos 965.000 km por hora;así también hay galaxias más pequeñas que giran alrededor de la nuestra y todas juntas giran alrededor de un grupo mayor de galaxias ubicadas a 60 millones de años luz a una velocidad de 2.160.000 km por hora (viajás desde Buenos Aires a La Quiaca en 3 segundos).

Todo esto que parece tanto, es poco si pensamos en que el diámetro del Universo observable (medible, visible, detectable, distinto del total) es de alrededor de 90.000 millones de años luz; en kilómetros es un número indecible, algo así como 1,37 seguido de 50 ceros. Y continúa en expansión.
Este es el tamaño conocido de la Creación.


1 milímetro es el tamaño de un embrión de tres semanas. Más pequeño aún es el tamaño del cigoto (como se conoce al humano apenas terminada la concepción).
Este es el tamaño que eligió el Creador, infinitamente más grande que su creación, para encarnarse.


Pero no sólo se hizo pequeño en tamaño sino también en la conciencia humana. No nació precisamente en un suntuoso palacio; el hijo de Dios vino al mundo en un lugar humildísimo. 
Su cuna era un pesebre, el lugar donde se le da de comer a los asnos y otros animales.

Nada hacía imaginar que allí nacería el Redentor, que allí vendría al mundo el Verbo.

 Pero su llegada fue anunciada durante siglos, y lo sabían los Reyes que llegaron de Oriente para adorarlo, lo sabían también los pastores y hasta  quizás los animales que allí se encontraban.

El Dios omnipotente y eterno se hace chiquitito y se humilla para rescatar al hombre de su caída. 

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