Mientras tanto en la lucha por la justicia...
Derechos. Todos reclamando derechos. Los hombres nos creemos merecedores de derechos. Sin embargo, cuando mi “derecho” interviene con el del otro, sólo importa que se respete el mío.
El mundo está en continua guerra: guerras entre potencias; "guerra entre religiones"; guerras entre ideologías; enfrentamientos entre partidos; guerras por imponer lo que creemos; guerra entre la vida y la muerte.
Está instaurado en la sociedad que hay que luchar por lo que creemos que nos corresponde, porque merecemos un mundo más justo, ¿o no?. QUEREMOS IGUALDAD. Hoy me cuestiono en que parte de la sociedad está más impregnada la injusticia y la desigualdad. Me pregunto por aquellas personas que viven en la calle, por aquellas personas que no les interesa la educación ya que primero necesitan algo para llenar sus estómagos vacíos. ¿Qué opinarán todos los menesterosos cuando nos ven luchar por nuestros derechos sin ellos tener el derecho a ser mirados como personas? ¿Qué pensarán de nosotros? ¿Sentirán vergüenza ajena al ver como les esquivamos la vista para no darles algo de dinero? ¿Les dolerá más morir de hambre o morir frente a la indiferencia del “prójimo” que no puede siquiera saludarlos? PERO NOSOTROS MERECEMOS JUSTICIA ¡Si! Pero pedimos igualdad… y para exigir más derechos deberíamos primero encargarnos de los que no tienen ni siquiera para comer, y cuando haya igualdad de derechos básicos para vivir, ahí si exijamos más.
Todo es guerra, todo es lucha, todo es violencia y bronca contra instituciones, y gobiernos. No basta exigir para que las cosas se hagan, también uno tiene que aportar de sí, y no sólo con quejas y manifestaciones. Luchemos por ellos, que están vivos, pero están muriendo porque no los reconocemos como sujetos que merecen justicia. Luchemos por ellos que se mueren de hambre y de frío. Luchemos por ellos que se mueren por inacción frente a la apatía de la sociedad. Si queremos luchar por un futuro mejor, por un futuro más justo, empecemos por ellos. Si nos parece que tenemos pocos derechos, pensemos en ellos, y vamos a dejar de luchar por nosotros como clase, por nosotras como género, por nosotros como movimiento y vamos a empezar a ver la justicia que tantos proclamamos. Y esta lucha no es violenta, no se trata de un enfrentamiento. Esta lucha empieza con la empatía, con la conmoción, y se hace con el respeto y con la dedicación. Tenemos mucho ya, y ellos tienen TAN poco. Primero ellos, después nosotros.
viernes, 21 de octubre de 2016
miércoles, 19 de octubre de 2016
"A través de la Ventana"
Cuanto más me acercaba,mas podía oír el sonido de la lluvia de la mañana.Día tras día, una y otra vez contemplaba esa ventana. A través de ella se podían apreciar los bellos destellos de los rayos y los inquietantes ruidos que dejaban escapar los truenos. Y por alguna razón nunca quería abrirla, no me atrevía. En mi habitación se podía sentir como lentamente todo se llenaba de un sutil aroma húmedo y clásico. Pero seguía mirando la transparencia de mi ventana,aunque un poco borrosa, y aún sin abrirla.Los árboles dejaban al descubierto sus ramas y junto a éste las flores esparcían un aroma nuevo. El cielo celeste se había abierto y el sonido ya no era más del trueno, sino que, ahora, eran melodías dulces y frescas del canto de los pájaros. El silencio era claro y profundo, sólo se escuchaba la melodía del viento soplar y las últimas gotas de la lluvia que cesaban. Y yo seguía allí inmóvil, sin abrir aún, mi ventana.
martes, 11 de octubre de 2016
"El Jardín"
Ella entró en el jardín. Cuando empezó a mirar hacia adentro se dió cuenta de que las raíces estaban arrancadas, las flores estaban marchitas, el agua estaba contaminada y los árboles no tenían vida. Su alma era reflejo de ese jardín: sin vida, sin amor, sin cuidados. Pero un día llegó él y todo cambió. El sabía mucho de jardines, sabia que tipo de plantas había que plantar en un jardín, y sabía cuando florecerían, pero todo a su tiempo.
Un día se encontraron en aquel jardín y enseguida comenzó la magia. El le enseñó a ella como debía plantar, cuando debía regar,como tenía que colocar las semillas y le decía que poco a poco se verían los frutos, que no se apurara.
Cuando llegó la primavera el jardín floreció ,con sus jazmines, sus azucenas,sus margaritas, sus violetas, sus tulipanes y su "flor de la india"(ella había nacido en la india y era una flor muy popular de allá).
Por fin ella se reflejó en el agua que ahora era transparente,pudo oler las flores , apreciar su belleza y sentir la magia. Y desde aquel instante supo que, siempre que cuidase y amase el jardín iba a mantenerse vivo al igual que su alma.
martes, 4 de octubre de 2016
"Sacudir el polvo"
Hoy me acorde de él. Mientras buscaba en la estanteria y buscaba un libro, senti un olor añejo que me envolvía y que me recordaba tanto a su inteligencia. Recuerdo las llamadas por teléfono de todas las mañanas que se repetían innumerables veces por más que no obtuviera respuesta; las salidas al teatro; la música de los setenta y los ochenta; las largas cenas preguntándome siempre como me sentía, que era lo que quería; las películas de terror de los años ciencuenta..pero lo que más recuerdo es algo tan vivo, que aún sigue presente....
Es que al comienzo de cada día al ponerme en frente del pizarrón me doy cuenta cuánto le gustaba enseñar, tanto como a mi especialmente la historia, su gran pasión y el amor desinteresado hacia sus alumnos que con mucha admiración le correspondían. Su gran Amor estaba allí, en algo tan mágico, tan invisible, tan simple, pero tan real, como la enseñanza.
Es que al comienzo de cada día al ponerme en frente del pizarrón me doy cuenta cuánto le gustaba enseñar, tanto como a mi especialmente la historia, su gran pasión y el amor desinteresado hacia sus alumnos que con mucha admiración le correspondían. Su gran Amor estaba allí, en algo tan mágico, tan invisible, tan simple, pero tan real, como la enseñanza.
jueves, 22 de septiembre de 2016
“La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene unos goces extraordinarios y además a muy poco precio. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana, porque como no fabrica nada, no produce nada, todo lo tiene que comprar. Mientras que una persona con un cierto nivel de cultura, con la conversación, un libro o una música puede pasar el tiempo de una manera enriquecedora, la riqueza que nos dan los libros es una riqueza real más duradera y limpia que las que se tienen”
Fernando Savater
miércoles, 31 de agosto de 2016
"Te encontró"
Ya está, te encontró. Toda tu vida, corta vida, intentando escaparle y te agarró. Tanta libertad, tanta independencia, tanta alegría y te atrapó. En el momento justo, cuando menos los esperabas, tu vulnerabilidad precipitó y facilitó el hecho.
Grita, llora, patalea y desquítate. No hay escapatoria.
Penetró hasta el lugar más profundo de tu conciencia. Como si se te hubieran colocado unas anteojeras que no permiten que mires hacia los costados, no permiten que te distraigas. Sólo hay una salida… ir hacia delante.
¿Y ahora? Un objetivo... ¿Y ahora? Un compromiso... ¿Y ahora? Un camino... La moral… Tanto tiempo huyéndole, pero te cayó la ficha. No sabes cómo ocurrió, o quizás sí, pero ya no podés dar el brazo a torcer. Tu familia, la sociedad, tu país, los hombres, tu vida. Cuesta, pesa, implica renuncia, sacrificio, esfuerzo, perseverancia y constancia. Te morís de ganas de enterrarte debajo de la tierra y que no te saquen por un largo tiempo, porque estás cansado, exhausto y agobiado. Pero sin embargo, te exigís un último esfuercito, y das un paso más sin saber bien qué te impulsa. Y es probable que no veas ningún resultado bueno, pero algo te dice que no te rindas, que sigas. Y das otro paso… y otro… y otro… y otro. Comienzan a verse los frutos a tu alrededor, pero también en vos. Te sentís hábil, te sentís capaz, la esperanza te desborda. Sentís la verdadera libertad, que no era esa sensación de poder acceder a todos los bienes que quisieras, sino el dejar de ser esclavo del sistema, del consumo, de la moda, del dinero. Sentís la verdadera independencia, que no era aquella vieja falta de compromiso con la vida, sino las auténticas ganas de hacer todo lo que está a tu alcance para hacer del mundo un armónico hogar para el hombre. Sentís la verdadera alegría, que no es el placer desenfrenado, sino el contemplar las cosas más sencillas y naturales: una sonrisa, un abrazo, un paisaje, un dialogo fraterno, con el corazón dispuesto a nutrirse de todo lo bello.
¿Fue la moral que te encontró o fueron tus ganas de renunciar a una vida sin dirección que te llevaron a ella?
Joven Juglar
domingo, 28 de agosto de 2016
"No quites tus ojos"
No quites, por favor, no quites, no quites tus
ojos del que yerra.
Compadécete, por favor, compadécete, compadécete de su triste tibieza.
Sostén, por favor, sostén, sostén al que pierde equilibrio.
Sonríe, por favor, sonríe, sonríe que aún está vivo.
Te frustra no ver resultados,
el cambio se hace esporádico,
persevera por lo que tu más quieras,
que la semilla está bajo tierra.
No ceses, por favor, no ceses, no ceses de darle tu aliento.
Alégrate, por favor, alégrate, alégrate de cada acierto.
Apoya, por favor, apoya, apoya su rostro en tu pecho.
Abraza, por favor, abraza, abraza al que busca consuelo.
Tú no ves aquellas raíces,
sujetas a la tierra están,
pero pronto habrá de brotar la planta que has de salvar.
Que cueste, que sufras, que duela,
que cada paso valga la pena,
que la llegada al Reino sea fruto de tu ardua tarea.
Compadécete, por favor, compadécete, compadécete de su triste tibieza.
Sostén, por favor, sostén, sostén al que pierde equilibrio.
Sonríe, por favor, sonríe, sonríe que aún está vivo.
Te frustra no ver resultados,
el cambio se hace esporádico,
persevera por lo que tu más quieras,
que la semilla está bajo tierra.
No ceses, por favor, no ceses, no ceses de darle tu aliento.
Alégrate, por favor, alégrate, alégrate de cada acierto.
Apoya, por favor, apoya, apoya su rostro en tu pecho.
Abraza, por favor, abraza, abraza al que busca consuelo.
Tú no ves aquellas raíces,
sujetas a la tierra están,
pero pronto habrá de brotar la planta que has de salvar.
Que cueste, que sufras, que duela,
que cada paso valga la pena,
que la llegada al Reino sea fruto de tu ardua tarea.
Poesía Anónima
domingo, 21 de agosto de 2016
"La naturaleza singular"
A simple vista todos los árboles parecen iguales, pero a medida que uno se sumerge en el bosque y los observa detenidamente se da cuenta que cada uno presenta algo particular: algunos tienen marcas en sus troncos; hay más grandes y otros más pequeños; algunos tienen ramas cortas, otros unas más largas; algunos poseen frutos; otros poseen hojas suaves y otros más ásperas; algunos poseen colores mas vivos y otros mas fríos; algunos sufren más el invierno que otros y cada uno tiene su olor peculiar. Pero tienen algo en común: si no existieran todos ellos, no seria posible la vida.
- Belén Albanese -
lunes, 25 de julio de 2016
Las cosas pequeñas
Celebro la grandeza de las
cosas pequeñas,
de las cosas triviales,
sencillas, hogareñas.
Quisiera que este verso fuera
un canto de gesta
que exalte las hazañas de la
gente modesta.
Quisiera que este verso fuera
un himno discreto
que exalte al hombre medio,
responsable y concreto.
Quisiera que este verso resulte
una balada
que exalte al hombre honrado y
a la mujer honrada.
Celebro la batalla de
apariencia anodina
que se libra en los campos de
la diaria rutina.
Celebro a tanta gente que
empieza la jornada
levantándose alegre en plena
madrugada.
Celebro ese gobierno que
ejercen las mujeres
y que los formularios definen:
sus quehaceres.
Gobierno que se inicia cuando
encienden puntuales
en sus casas dormidas los
fuegos matinales.
Celebro los aromas que inundan
la cocina:
celebro la fragancia del café y
de la harina.
Celebro cada gesto, celebro
cada frase,
preparando los hijos cuando
salen a clase:
que ajustar la corbata, que
observar los detalles,
recomendar cuidado para cruzar
las calles.
Y celebro a los chicos con
delantales blancos
cuando escuchan atentos
sentados en sus bancos.
Celebro las lecciones
sabidas a conciencia,
los triángulos, los mapas
pintados con paciencia.
Celebro la epopeya del trabajo
bien hecho,
del horario completo, del deber
satisfecho.
Celebro las proezas del último
escribiente
que no demora el curso que
sigue un expediente.
Celebro la respuesta simpática
y precisa.
Celebro la herramienta que se
limpia y se cuida.
Celebro a quien mensura los
alcances de un riesgo
cuando avanza prudente por
atajos al sesgo.
Y celebro asimismo la decisión
valiente
que lleva en ocasiones a
jugarse de frente.
Celebro la costumbre de decir
la verdad.
Celebro la constancia. Celebro
la amistad.
Celebro la finura de esa ayuda
encubierta
que se presta de modo que
ninguno lo advierta.
Celebro los escritos con
renglones prolijos.
Y celebro el coraje de tener
muchos hijos.
Celebro que se cumplan los
acuerdos verbales.
Celebro la clemencia de los
buenos modales.
Celebro al funcionario que
cumple sus funciones.
Y celebro al vecino que riega
sus malvones.
Celebro a quien comparte la
pesadumbre ajena.
Celebro a quien festeja la
dulce Nochebuena.
Celebro al vigilante, celebro
al carpintero.
Celebro el trato franco y el
amor verdadero.
Celebro las parejas de novios
que en verano
caminan por los parques tomados
de la mano.
Y celebro el cariño de mujer y
marido
cuando llevan ya un largo
camino recorrido.
Celebro los abuelos que ríen
con sus nietos.
Celebro a quienes saben
mantener los secretos.
Celebro al hombre humilde que
construye un país:
del árbol florecido celebro la
raíz.
Celebro a los que pisan con
firmeza en el suelo
Y concluyo este verso con el
párrafo aquel
“Quien es fiel en lo poco será
en lo mucho fiel”
miércoles, 13 de julio de 2016
''Aquella noche''
Aquella noche
Aquella noche que me fui de casa,
se apagaron las luces de mi cielo.
Aquella noche que me fui de casa,
la luna se ausentó de mi sendero.
Aquella noche que me fui de casa,
¡terrible ingratitud la del hijo muerto!,
vi llorar a mi padre en la montaña,
y no quise correr hacia su encuentro.
Cuando quise volver, tomé el camino
tembloroso, temiendo aquel regreso,
mas mi padre me vio desde muy lejos,
y vino hacia mi, que lo había herido,
y me apretó fuertemente contra el pecho,
y volvió a vivir, el hijo muerto.
y volvió a vivir, el hijo muerto.
Anónimo.
viernes, 24 de junio de 2016
"La corona del León"
La corona del León
Estaba siempre
allí, al lado, perseverante en su objetivo. Cada mañana y cada noche. Atento,
en guardia, muchas veces lo conseguía, muchas otras no se iba más que no la
ilusión de recibir algo con el deseo de conseguir un poco ese día. Aunque ya
conocía “los bueyes con los que araba”, ya conocía a Marta, Estanislao, Juana a
Matías y a Valentina. Sabía quién era más endeble y quien más misericordioso y
quien más insensible. Sabia en definitiva quien cedía y quién no.
No llevaba una vida muy activa hacía
ya años. Pero él era feliz, con sus carencias y con sus dolores. Había tenido
un problema “social”, que le había impedido salir de su casa, a menos que fuera
acompañado.
No pedía mucho, nada a nadie, tal
vez, si lo hacía era que lo acompañen a dar un paseo, a sentir el viento en las
pestañas, a cruzar las calles de la ciudad inundada de edificios, colapsada de
autos, motos y colectivos, con tan pocas libertades para él. Cuando volvía a
entrar a su casa se distendía un rato, descansaba, comía, bebía, esperaba y
acompañaba. Así, era feliz, porque hacia aquello a lo que había llamado a ser
en esta vida.
Sin duda los mejores días para él,
eran los del fin de semana –sábado y domingo- incluso viernes porque el viernes
ya preparaba su corazón. Esos tres días, viajaba al campo donde con amigos y
familiares, en el contacto con la naturaleza, renovaba su espíritu. Le gustaba
correr todo el día, correr, cansarse, conocer nuevos vecinos; a veces se
peleaba y entraba en discordias, pero era porque defendía lo que amaba.
Era un día de la
primavera de noviembre cuando me puse a observarlo detenidamente y a rememorar
todas y cada una de sus acciones, que siempre solía ignorar. En silencio, él,
contemplaba y también esperaba, acompañaba: después de todo esa era su misión
en esta vida, y eso era lo que a él también le hacia feliz. La tarea de ser
compañero, de hablar cuando fuera necesario y de callar cuando también lo
fuera, pero siempre acompañando. Mi perro, León, era el mejor compañero de
todos y lo más importante de todo es que fue siempre un gran maestro de la
perseverancia y de la constancia. No importa cuánto tardaba yo en comer, no
importa cuanto lo ignoraba yo a él, era capaz de estar los 50 minutos de mi
almuerzo deseando que me sobrara algo y me apiadara de él. Aunque de más esta
decir que él tenía su alimento balanceado, pero no, él quería algo más… que
sabía que sería difícil de conseguir, pero que si esperaba tal vez recibiría un
“premio”; tal vez no, pero él, lo intentaba, porque sabía que la perseverancia
es la que recibe la corona
martes, 14 de junio de 2016
Con los ojos bien abiertos
Con los ojos bien abiertos
El día había comenzado
muy mal: no había escuchado la alarma del despertador, y por ende, me había
despertado media hora más tarde de lo que debía, con lo cual, para poder llegar
a tiempo al trabajo tenía que evitar darme un baño (lo que implicaba un gran
sacrificio. Bañarme por la mañana me despertaba más que un buen café).
Pude salir de mi
casa a tiempo pero debido al despreciable, terrorífico y odiable tráfico que
había (más de lo usual), llegué tarde de todas formas al trabajo. La secretaria
me saludó tajantemente, de forma tal que me quedara claro que me había
equivocado y me dio inmediatamente las tareas que me correspondía hacer ese
día. Salí apresurada de la oficina para poder llegar a cumplir con todo lo
encomendado. En el apuro, me golpeé la cabeza contra el matafuegos que había en
mi Estudio. Parecía estar todo destinado a ser el peor día del mes, y porqué
no, del año. Era de esos días en que uno cree tener una nube negra encima suyo,
que lo persigue adondequiera que va.
Estaba caminando
por Tribunales al paso mas rápido que podía, esquivando las cientos de personas
que pasan caminando por allí en un ajetreado día hábil citadino, cuando un
semáforo me obligó a detenerme. Mientras pensaba de qué manera hacer mi
recorrido de la forma mas rápida posible, se posó en mi hombro una mariposa. Se
quedó allí, aleteando un poco sus coloridas y bellas alas y yo quedé obligada a
no moverme, para que ésta no se fuera, y yo pudiera contemplarla un rato más.
El semáforo dio la señal de que el paso del transeúnte estaba habilitado. Pero
no me moví, me quedé allí, con mi mariposa en el hombro, mientras todos me
esquivaban apurados, molestos porque una joven soñadora les detuvo por un
segundo el paso.
Me olvidé, por un
minuto, todos los planes que tenía, la llegada tarde al trabajo, el tráfico y
el golpe contra el molesto matafuegos. Admiré la belleza de aquella mariposa
anaranjada, con círculos negros y bordes plateados. Observé su cuerpo, el cual
denotaba su pasado como oruga pero que sus alas, por lo bellas que eran,
ocultaban. Luego, se fue. Y yo seguí mi camino... pero ¡había cambiado tanto en
un minuto! Cinco minutos antes caminaba con la cabeza gacha, el ceño fruncido,
esquivando gente. Ahora miraba a todos lados, sonreía y tenía la mirada
perdida. No paraba de pensar en aquel momento.
Todo esto me
produjo una mariposa aquel día: me enseñó a detenerme frente a los pasos
apurados, a contemplar, a ser agradecida. Y a vos, te digo: andá con los ojos
bien abiertos, hay muchas mariposas por contemplar.
Me
pregunto qué habrá pasado con aquel bello insecto. No lo sé, pero sí sé que en
su corta vida me cambió la forma de ver la mía.
miércoles, 8 de junio de 2016
Humedad
Cerré los ojos. Los volví a abrir. La mancha
de humedad seguía estando allí. Esa pequeña manchita.
No era producto de mis ojos. Acostada desde
mi cama podía observarla haciéndome burla con su creciente intrepidez. Justo en
esa esquina, bien arriba en la puntita derecha que recuerdo haber alcanzado
hace unos meses con un pincel.
La pared había quedado inmaculada con dos
baldes de pintura, mucho esfuerzo y varios rodillos. Puede entenderse así la
razón de mi molestia al toparse mis pupilas haciendo el recorrido matutino de
dispersión por el techo con esa abominación. Decidí ignorarla.
Mi resolución estaba dando resultado. Bastaba
solo con despertarme mirando la ventana o pestañear justo en el momento en que
pasaba caminando cerca de esa bendita pared.
Pero todo empezó a complicarse cuando la
manchita decidió estirarse hasta alcanzar el costado de mi biblioteca, y cierto
medio día al querer tomar unos libros me declaró la guerra con su mirada llena de moho.
No me iba a vencer, tenía el tamaño perfecto.
La tapé con un cuadro.
El plan B perduró unas semanas hasta que una
tarde sentada frente a mi escritorio la encontré. Detrás de la lámpara asomaba
sus piernas.
No me desesperó. Nada que un almanaque no
pudiera tapar. Luego unas fotos familiares y más tarde por un costado, como un
fabuloso collage unos recortes de revistas.
Toda una pared cubierta y ni rastros de la
humedad. Solo yo sabía de su presencia, solo yo percibía la cinta adhesiva a
punto de desprenderse.
Y el insomnio de la noche llegó.
Podía escucharla deslizándose lentamente,
acercándose hasta mi cama. Trazando una línea de ataque, rodeándome, ahogándome
en su eterna humedad.
Cerré los ojos, los volví a abrir.
Ahora todo lo cubría y una grieta comenzaba a
dividir el techo. La pintura empezó a caer resquebrajada, y cubierta por esa
extraña nieve escapé corriendo de la habitación que rápidamente se desplomó en
grandes bloques.
Secándome las lágrimas de abatimiento,
recorrí con la mirada los escombros de mi pieza.
Luego, sonreí.
La mancha había desaparecido. Sólo quedaba
reconstruir.
miércoles, 27 de abril de 2016
Se hizo pequeño
“Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje.Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.” (Evangelio según San Mateo 2, 10-11)
384 mil kilómetros es la distancia de la Tierra a la Luna; 150 millones de kilómetros es la distancia dela Tierra al Sol, 9000 millones de kilómetros es el diámetro del Sistema Solar.
Un año luz es una medida de distancia, toma en cuenta la longitud que recorre la luz durante un año; al ser su velocidad de unos 300.000 km por segundo, el año luz equivale a 9 460 730 472 580,8 km(algo así como nueve quichillones y medio). Si multiplicamos ese número por 27.000 obtendríamos la distancia que separa al Sistema Solar del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Así como la Luna gira alrededor de la Tierra, la Tierra gira alrededor del Sol (a unos 180.000 km por hora), y el Sol con todo el Sistema Solar a cuestas gira en torno al centro de la galaxia a unos 965.000 km por hora;así también hay galaxias más pequeñas que giran alrededor de la nuestra y todas juntas giran alrededor de un grupo mayor de galaxias ubicadas a 60 millones de años luz a una velocidad de 2.160.000 km por hora (viajás desde Buenos Aires a La Quiaca en 3 segundos).
Todo esto que parece tanto, es poco si pensamos en que el diámetro del Universo observable (medible, visible, detectable, distinto del total) es de alrededor de 90.000 millones de años luz; en kilómetros es un número indecible, algo así como 1,37 seguido de 50 ceros. Y continúa en expansión.
Este es el tamaño conocido de la Creación.
1 milímetro es el tamaño de un embrión de tres semanas. Más pequeño aún es el tamaño del cigoto (como se conoce al humano apenas terminada la concepción).
Este es el tamaño que eligió el Creador, infinitamente más grande que su creación, para encarnarse.
Pero no sólo se hizo pequeño en tamaño sino también en la conciencia humana. No nació precisamente en un suntuoso palacio; el hijo de Dios vino al mundo en un lugar humildísimo.
Su cuna era un pesebre, el lugar donde se le da de comer a los asnos y otros animales.
Nada hacía imaginar que allí nacería el Redentor, que allí vendría al mundo el Verbo.
Pero su llegada fue anunciada durante siglos, y lo sabían los Reyes que llegaron de Oriente para adorarlo, lo sabían también los pastores y hasta quizás los animales que allí se encontraban.
El Dios omnipotente y eterno se hace chiquitito y se humilla para rescatar al hombre de su caída.
Levantate, mujer
Levántate mujer,
ahora
Haz tus plegarias,
agradece
Si algo te perturba,
ora más
Que no cese tu hambre de Dios.
El día es largo
¿Qué esperas?
En todas partes hay un necesitado
Prepárate para dar consuelo,
porque tu lo recibirás
en el Cielo.
No preguntes acerca de tu vocación
Nadie lo sabe
mas que tú
Pues de rendirse se trata
A la voluntad del Señor
Y si sientes que la cruz te pesa
Alégrate mujer,
Así como en el camino al calvario
Es entrega constante de vida
Camino
Voy
andando sin rumbo
Preguntándome
que busco,
Buscando
respuesta en el ayer.
Camino
Miro
atrás lo que viví
Lo
que antes fue, lo que sentí.
¿Dónde
estás? No puedo ver.
Camino
porque sé que vas conmigo,
Camino
porque ese es mi destino,
Camino
si te tengo al lado mío.
No
te alejes. Te necesito.
En
mi alma puedo escuchar
La
pequeña voz se quiere liberar,
¿Qué
queres hacer de mí?
Camino
Dame
tus ojos para ver,
Aumenta
mi Fe quiero creer,
Amar
así, quiero vivir.
Camino
porque sé que vas conmigo,
Camino
porque ese es mi destino,
Camino
si te tengo al lado mío.
No
te alejes Jesús. Te necesito.
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