Hoy me acorde de él. Mientras buscaba en la estanteria y buscaba un libro, senti un olor añejo que me envolvía y que me recordaba tanto a su inteligencia. Recuerdo las llamadas por teléfono de todas las mañanas que se repetían innumerables veces por más que no obtuviera respuesta; las salidas al teatro; la música de los setenta y los ochenta; las largas cenas preguntándome siempre como me sentía, que era lo que quería; las películas de terror de los años ciencuenta..pero lo que más recuerdo es algo tan vivo, que aún sigue presente....
Es que al comienzo de cada día al ponerme en frente del pizarrón me doy cuenta cuánto le gustaba enseñar, tanto como a mi especialmente la historia, su gran pasión y el amor desinteresado hacia sus alumnos que con mucha admiración le correspondían. Su gran Amor estaba allí, en algo tan mágico, tan invisible, tan simple, pero tan real, como la enseñanza.

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